6 ene. 2011

MEDITACIÓN

La meditación es la atención pura y absoluta sin asirse a nada. Para empezar a meditar, hay que lograr un buen estado de relajación. Una vez alcanzado este estado, puede empezar los ejercicios de meditación. Como podrá ver, son sencillos de explicar. Practicarlos con facilidad le corresponde a usted.
Hay tres pasos en la meditación: despejar la mente, observar la mente y domesticar la mente.
Despejar la mente
Aquel que medita constantemente y persevera, se libera de las ataduras.
DHAMMAPADA
Su finalidad es acallar el torrente de pensamientos que fluye en nuestra cabeza.
La primera de ellas es la que se explica en concentración sobre contar respiraciones. La frontera entre concentración y meditación es muy difusa...
Otra meditación es concentrarse de la misma manera en los latidos del corazón. Para ello, debe tomarse el pulso. Pero con el tiempo, sentirá su corazón.
La última que propongo es contemplar las nubes, una hoguera, el mar o lo que le guste. No tiene que buscar sentido a lo que ve, ni buscar pautas, ni juzgar. Sólo hay que mirar, sin más. Cuando un pensamiento aparezca en la mente, vuelve a mirar. Eso es todo. Nada menos que eso.
Observar la mente
La mente es muy difícil de percibir, extremadamente sutil, y vuela tras sus fantasías. El sabio la controla. Una mente controlada lleva a la felicidad.
DHAMMAPADA
Aquí, el objeto de la meditación son los propios pensamientos.
La primera meditación es contar pensamientos. No se debe entrar en el contenido, sino simplemente contarlos. Lleve la cuenta, nada más. Puede ser que no aparezca ninguno, en ese caso, disfrute del momento. La finalidad del ejercicio es que se dé cuenta que los pensamientos son cosas, nada más.
Otra meditación es darse cuenta de cómo se encadenan los pensamientos. Ahora hay que entrar en el contenido del pensamiento y ver cómo un pensamiento lleva a otro y este a otro y así toda la cadena. No hay que implicarse, sólo observar como se desarrolla el proceso.
Domesticar la mente
A través del esfuerzo, la diligencia, la disciplina y el autocontrol, que el hombre sabio haga de sí mismo una isla que ninguna inundación pueda anegar.
DHAMMAPADA
En esta página vamos a exponer sólo la relajación y la visualización. Hay mas ejercicios, pero son más complicados y extensos de explicar. Una vez lograda la relajación, hay que profundizar. En cierta manera se parece a la autohipnosis.
Imagine que frente a usted hay una escalera. Tiene diez peldaños y empieza a bajarlos. Con cada peldaño que baja, está más y más relajado, hasta llegar al último en el que está totalmente relajado. Ahora ve una puerta y la abre.
Allí se encuentra en un paisaje a su elección. Debe imaginarlo con todos los sentidos, como el truco del limón. Si imagina una playa, tiene que verla, oír el mar y las olas, sentir el olor a algas y yodo y notar la arena y la brisa marina, así como el sol en su piel.
Para la visualización, la técnica más sencilla es jugar con colores.
Aprenda a crear una pantalla mental. Será como una pantalla de cine en la que proyecte lo que quiera. Para empezar, vamos a calibrarla: píntela de rojo, luego de verde, luego azul claro, azul oscuro, naranja, amarillo, etc.
Haga combinaciones de dos colores. Luego haga formas simples: triángulos, cuadrados, círculos de colores, etc. También puede atreverse con tres dimensiones... Su imaginación pone el límite.
La técnica de visualización se emplea a menudo para solucionar problemas de fobias y malos hábitos.
Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".
CUENTO ZEN

No hay comentarios:

CHAT

Realtime Comments/COMENTARIOS

MUSICA DE LA NATURALEZA

RELAJARSE Y MEDITAR